la guerra de los mundos

la guerra de los mundos
estalla en silencio

opera pánica

en un deja vu constante

en un deja vu constante
crece el mundo

25.4.11


no creo comprender a los dedos que se cuecen en la marea de un mundo
que no armamos todavía
la rueda da de comer bien a la mano que saluda desde cerca de un sombrero
la señal es discutible aunque repite constante un serio
llamado a la cordura
desde todos los puntos de Uranagia
abrimos con las espaldas con los huesos ofendidos de nuestra corteza
el tramo nuevo a recorrer en las aristas de la jungla de perros
que el mediodía opera
la secuencia correcta es reunir las colecciones que no estén rapadas
por el signo
la propiedad de esa secuencia está medida desde donde es imposible
medir lo que sea
Urano fue atravesado por un muro de grietas negras
lo que atrás del carro de sus nietos
ya está al alcance de una colmena que sintetiza otra rabia
desde la más infernal inocencia
y el más purpúreo atrás-de


 Antes de hablar siempre nos caemos, desde la cavidad honda en el cuerpo de la tierra, forma de racimo, caspa de las antiguas ideas en la rampa hasta la cumbre que se llama arde. Habitar un espacio es cercar otros al alcance de vernos, rellenar la siega de infamia como los cuerpos vacíos que siempre en la senda hacia la mañana. Un encuentro con la celda conífera que nos exhaló desde su seno; otro con la selva en llamas desde donde nuestros órganos inferiores fueron dictados como ideas.  Otro canal hacia cuando supimos algo acerca de la palma de hoja en la gota raída por la calidez mental de quienes arden ayer.
Herir el tiempo, herir la forma y constancia del espacio, son los únicos ejercicios posibles. Pero radiamos imágenes cuando queremos caer en, el cofre azul para el pecado y las órdenes; la placenta áspera del cielo donde guardar las formas de la matemática más sobria. El templo del tiempo se establece desde dónde querrìa que el tiempo me encontrara y se llenara de ramas a mí. Cómo la pálida sema hemo razia nos detuvo de saber el ardor de esta frente herida por los rayos que llegan desde un pasado enorme de cortes vocales y silencio salobre ante la dicha.